El derecho a ser humano: Por qué la ciencia sin alma no basta para sanar
Por Vic Altamira
Hay una frase de Carl Jung que ha guiado mi vida académica y clínica:
“Conozca todas las teorías, domine todas las técnicas, pero al tocar un alma humana, sea apenas otra alma humana”.
Durante doce años, mi alma estuvo fragmentada. Viví en el epicentro de la adicción, experimentando ese vacío que ninguna sustancia logra llenar y que la sociedad suele etiquetar con desprecio. Hoy, tras quince años de sobriedad, miro ese pasado no con vergüenza, sino como el terreno fértil donde germinó mi propósito.
Sin embargo, el camino de la recuperación no lo recorrí solo con voluntad. Lo recorrí con conocimiento.
La intersección necesaria
Este Substack, que lleva mi nombre, nace de una inconformidad. En el campo de las adicciones y la salud mental, solemos dividirnos en dos bandos: el clínico, que a veces ve al paciente como un conjunto de neurotransmisores desajustados, y el empírico, que olvida el rigor científico.
Yo me niego a elegir. Mi propuesta como doctorante en Desarrollo Humano y directivo de Luxe Recovery Clinic es una trinidad de sanación:
Neurociencias: Entender la arquitectura del trauma, el secuestro del sistema de recompensa y cómo el cerebro, en su infinita plasticidad, tiene la capacidad biológica de resurgir.
Psicología Existencial: Retomar la pregunta de Viktor Frankl. La adicción es, muchas veces, un grito ante la falta de sentido. Si no hay un “para qué” vivir, ningún tratamiento de desintoxicación será suficiente.
Terapia Narrativa: Somos las historias que nos contamos. Mi trabajo es ayudarte (y ayudar a mis pacientes) a dejar de ser el “adicto” para convertirse en el “autor” de una nueva historia rehumanizada.
¿Qué puedes esperar de este espacio?
No quiero entregarte artículos genéricos. Quiero entregarte Arqueología Humana.
Cada semana, exploraremos la historia de la locura y las adicciones, desmenuzaremos los últimos hallazgos en trauma y neurobiología, y reflexionaremos sobre la filosofía que sostiene nuestra existencia. Escribiré para el profesional que busca profundidad, para la familia que busca esperanza y para el valiente que, como yo hace quince años, está buscando la salida del laberinto.
Mi compromiso contigo
A mis 42 años, entiendo que ser un referente no se trata de acumular títulos (aunque los tenga y mis estudios avalen mi palabra), sino de servir de puente.
Este es el lugar donde el rigor del doctorado se encuentra con la honestidad de la cicatriz.
Te invito a suscribirte. No para “curarte”, sino para que juntos iniciemos el proceso de rehumanizarnos.
Bienvenido a esta conversación.


